Elchingen 1805 (parte I)

Datos preliminares

Guerra de la Tercera Coalición. 14 de octubre de 1805.

Francia: Mariscal Ney VI cuerpo, 14 473 hombres y 28 cañones.
Austria: FML Count von Riesch, aproximadamente 15 000 hombres y 14 cañones.

Tiempo atmosférico: Miserable, frío con nieve intermitente, aguanieve y lluvia (50% posibilidad de precipitaciones).
Localización: Ober-Elchingen, Alemania, 48°27′06″N 10°05′52″E
 
Primeros rayos solares: 06:07. Amanecer: 06:39. Anochecer:  17:34. Fin del crepúsculo: 18:06 (calculado mediante U.S. Naval Observatory).

Algo no va bien

Esta es la cuarta y última batalla previa a la rendición de los austríacos en Ulm, campaña de Austerlitz. Fue una batalla misteriosa que resultó en victoria francesa. De hecho, Napoleón mostró tal alegría por el desempeño del mariscal Ney que le otorgó un título por la misma: le Duc d’Elchingen. Pero porqué la victoria fue francesa no está tan claro. Si lees las narrativas parece claro, al comienzo, que los austríacos disponían de todas las ventajas. Superioridad de números tanto en infantería como en caballería y una fuerte posición en terreno alto sobre un río pantanoso que solo era cruzado por un estrecho puente con una arcada quemada. Sus flancos estaban firmemente anclados a dos puntos fuertes, los pueblos de Ober y Unter-Elchingen, es decir, Elchingen de arriba y Elchingen de abajo. Pero fueron batidos, y de hecho bastante fácilmente, pues la batalla había terminado a primeras horas de la tarde. Y solo tras haber sido golpeados por una fracción de las tropas de Ney. Es como uno de esos partidos en los que un equipo sabe que va a perder y solo le queda esperar lo inevitable.

Lo que quiero explorar en este artículo es porqué los austríacos, con todas sus ventajas tácticas, fueron batidos. Cuando juegas a un wargame de la batalla, el jugador austríacos siempre gana (a no ser que sea uno de esos juegos en los que las reglas han sido artificialmente manipuladas en favor de los vencedores históricos). Todo lo que tiene que hacer es cubrir el cruce del Danubio con fuego cruzado de infantería y artillería y acabar con los franceses cuando intenten reparar el puente de madera.

Parte de la culpa, en mi opinión, es el resultado de un mal liderazgo, especialmente del general Mack. Es un estudio de como la falta de confianza, no en la tuya propia sino en la de tus superiores, puede causar un fiasco. El desastre para los austríacos vino de arriba hacia abajo, no debido a ninguna debilidad inherente por parte de los soldados.

Una breve introducción

En el momento que comienza nuestro relato, Napoleón había prácticamente atrapado al de-facto comandante en jefe austríaco, Karl Mack, en Ulm por todas partes. El día 13, tras su intento de romper el frente el día 11 en Haslach-Jungingen, Mack estaba aún tratando de averiguar que estaba pasando, y tuvo otra brillante idea. Envió a Riesch con 15 000 hombres unos 13 km bajando el Danubio desde Ulm para hacer algo en el cruce de Elchingen. Riesch, de hecho, no tenía claro cuáles eran sus órdenes. Las órdenes escritas de Mack eran vagas como las del jefe entusiasta pero indeciso que muchos de nosotros hemos tenido en nuestras vidas laborales (no solo ocurre en el ejército). Transcribimos la orden que Mack envió Riesch el día 13:

Ulm, tarde del 13 de octubre de 1805

Mis convicciones!
Bonaparte permanece con la columna principal que se dirige a Weissenhorn. Lo hace por la gran dificultad de cruzar el terreno en su camino hacia el Iller, que él intenta salvar.
Un vistazo al mapa muestra que es una tontería precipitarse hacia Wiessenhorn porque tendrías que volver atrás hacia Günzburg donde el
Danubio presenta otro desvío para cruzar. Este camino de Günzburg es también difícil de recorrer debido a la naturaleza del terreno. 
Lo que debemos hacer es atacarle primero en Weissenhorn o al menos el mismo día que intente cruzar el Iller. Quizá si mañana no ha cruzado aún se nos presente una gran oportunidad, si antes no ha tomado Memmingen, sobre la columna que intenta cruzar por la orilla izquierda del Iller si queda rezagada. Esto nos daría una oportunidad favorable para eliminar o aniquilar esa parte, y si no lo consiguiéramos, nos pesaría al menos no haberlo intentado.
La columna avanzando hacia Memmingen y la otra en el lado izquierdo del Danubio vigilan su línea de retirada. Al menos debemos considerar bloquear esta ruta de retirada y dificultarles alcanzar el Rin. Quizá para entonces algo haya ocurrido que les prevenga de cruzar, especialmente dado la revolución que ha estallado.

Uno solo puede imaginar lo que pensaría Riesch leyendo este monólogo (o pasándolo a su personal para ver si alguno podía sacar algo coherente de él). No hay ni una frase imperativa en el mismo. Parece un dictado de las ideas de alguien que piensa en voz alta. Está lleno de frases condicionales y de quizás. Mucha de la especulación viene de la desinformación que Napoleón ha esparcido (especialmente la increíble pretensión de que un golpe revolucionario ha ocurrido en Francia, un erróneo informe que los agentes napoleónicos han divulgado hablando a voz en grito en una taberna frecuentada por oficiales austríacos). Y la primera línea, “mis convicciones”, no podría haber sido más irónica (a pesar del uso de esa gratuita expresión).

Este era, aparentemente, el estilo de liderazgo de Mack. Confiar lo que pasaba por su mente con todo el mundo y no dar ningún paso decisivo. Debía ser enloquecedor trabajar bajo su mando. Pero, aún más crítico, debía socavar cualquier confianza que los comandantes subordinados tuvieran en su comandante en jefe.

Aún más, Riesch, un comandante competente, no sabía que se esperaba que hiciera respecto a Elchingen. ¿Debía asegurar el cruce del Danubio para su ejército?¿Debía impedir que lo cruzara el francés? ¿Y qué hacía el resto del ejército? ¿Se supone que él debía seguirlos? ¿Cuándo? Mack no lo decía. Sonaba más como un experto en noticias televisivas que como un comandante en jefe.

El factor moral

En un contexto amplio, debemos apreciar que la moral del ejército austríaco estaba, en este momento de la campaña, ya muy mermada. Había sido superado en maniobra y derrotado en cada encuentro con los franceses (aunque, desde el punto de vista de Riesch, al menos habían rechazado a la división de Dupont unos días antes en el combate de Haslach-Jungingen). La confianza en sí mismo era nula. Si añadimos a todo esto la confusa reorganización del ejército ideada por el mismo Mack poco antes de comenzar la guerra y la alta proporción de reclutas novatos en los regimientos, tenemos una conclusión: derrota.

Los franceses, por su parte, estaban en la cima de su moral y entrenamiento. La Grande Armée nunca volvería a aquel alto nivel de preparación. En términos de organización, tácticas, equipamiento y profesionalización del grupo de mando, era el primer verdadero ejército profesional del siglo XIX. Además de ser, en su mayor parte, veteranos de 12 años de combates, aquellos soldados habían estado entrenando juntos durantes dos intensos años en las vastas instalaciones militares de la costa del Canal de la Mancha conocidas como le Camp de Boulogne. Todo ello estaba dando sus frutos.

Tenían también la ideología de su parte, considerándose ciudadanos-soldados libres luchando por una causa revolucionaria y republicana (a pesar del hecho de que estaban bajo las órdenes del recientemente proclamado emperador). El soldado austríaco típico, por el contrario, era un recluta que desconocía la causa por la que luchaba o la consideraba el capricho tiránico de una oligarquía moribunda. Era dirigido desde la retaguardia, azotado por oficiales aristocráticos y sus suboficiales lacayos, mientras que los franceses eran comandados desde la vanguardia por oficiales que habían aprendido su liderazgo desde las bases. Esto, quizá más que ninguna otra cosa, fue la causa de la serie de derrotas austríacasa hasta ese momento y la que estaba por suceder de nuevo el día 14.

Riesch se prepara

La tarde del día 13 el cuerpo de Riesch, marchando hacia el este desde su posición sobre Haslach, a unos 5 km de distancia, había encontrado algunos tirailleurs franceses y algo de caballería cerca del pueblo de Ober-Elchingen, situado sobre una colina. Los desalojaron más allá del río.

Riesch procedió entonces a desplegar sus hombres para defender el paso sobre el Danubio. Dividiendo las dos divisiones bajo su mando (la de von Loudon y la de Hessen-Homburg), guarnicionó Ober-Elchingen y su convento amurallado con 4 batallones del regimiento Auersperg IR 24 y 6 cañones de 6 libras. En el lado occidental del pueblo estableció 2 escuadrones del 6º de húsares de Blanckenstein y, tras ellos, 2 batallones de granaderos en reserva (de los regimientos Carl IR 3 y Auersperg IR 24). Por delante de Ober-Elchingen, guardando el cruce, 2 batalones del Froon IR 54  y dos cañones de a 6.

Entre Ober-Elchingen y su pueblo hermano, Unter-Elchingen, en la falda posterior de la empinada meseta que se elevaba desde la llanura inundada a orillas del Danubio, organizó 20 batallones de infantería, unos 8000 hombres, y 9 escuadrones de caballería, unos 1000 jinetes, más el resto de sus cañones, compuesto por una batería a caballo de 4 piezas de 6 libras y dos obuses. No colocó tropas en la villa de Unter-Elchingen, sino en el terreno bajo la misma, enfocadas al flanco derecho de cualquier avance francés tras cruzar el río (ver el mapa). Allí dispuso 4 batallones del Erbach IR 42 y dos escuadrones de caballería del regimiento de coraceros Franz KR 2. En total tenía unos 15 000 hombres (si nos basamos en Bowden).

Pero Riesch tenía muy pocas bocas de fuego para dar soporte a sus tropas. Solo 12 cañones ligeros de 6 libras y un par de obuses, pero ninguno de 12 libras. Normalmente cada batallón austríaco tenía dos cañones de a 6 como soporte cercano, lo que debería haber provisto a las tropas con 66 bocas. Sin embargo, debido al consumo de carne de caballo durante la campaña, no disponían de los suficientes para transportar tantas armas a través de los caminos embarrados. También tenían escasez de munición. Riesch tenía que arreglarselas con lo que disponía. Los franceses, aunque evidentemente tenían que lidiar con los mismos caminos, fueron capaces de llevar 28 cañones hasta el combate, incluyendo cuatro12 libras de largo alcance.

Durante la noche, que aparentemente fue clara por primera vez en varios días, Riesch y sus hombres fueron intranquilizados por la aparición de miles de hogueras al otro lado del río, tan lejos como alcanzaban a ver. La percepción optimista de Mack de que el enemigo estaba en una precipitada estampida hacia el río Iller para regresar a Francia era completamente equivocada. Aquellas fogatas estaban muy cerca del Danubio.

Batalla de Elchingen: Situación a las 09:00. Pinchar para agrandar.
El mapa ha sido creado tomando como referencias una combinación de los muy detallados mapas de Napoleon and Austerlitz de Scott Bowden, así como de imágenes de satélite de Google Maps, de lo que he renderizado los pueblos desde lo que parece ser su zona antigua hoy día. He representado el terreno cubierto de nueve, ya que, aparentemente, había estado nevando y cayendo aguanieve la última semana. El despliegue y orden de batalla de los austríacos entre los dirigidos por Genedegh y el pueblo de Unter-Elchingen es pura especulación, aunque de acuerdo con Bowden esos regimientos tomaron parte en la batalla. Todas las disposiciones de las tropas están basadas en precisos informes de fuerza y formaciones. Bowden también describe a la infantería austríaca formada en columnas de división (con un ancho de dos compañías) en formación de tablero de ajedrez. Aunque los mapas de esta batalla que he encontrado muestran la infantería austríaca sin extenderse demasiado en el espacio entre ambos pueblos, dado el informe de la batalla, la fuerza de los batallones, y la necesidad de asignar suficiente espacio entre las columnas para permitirlas desplegarse a líneas, mi estimación es que los 20 batallones no hubieran sido capaces de formar en ese espacio a no ser que estuvieran en 3 filas, como muestro en los mapas

Ney recibe las órdenes que esperaba

El mariscal Ney finalmente recibió las órdenes que él quería de Napoleón. Tenía que volver a atravesar el Danubio en Elchingen con su VI cuerpo y reunirse con su huérfana primera división de Dupont (que se retiraba tras su encuentro dos días antes en Haslach-Jungingen, unos 20 km al noreste). Después tenía que desplazarse hacia Ulm desde el noreste y bloquear la retirada de Mack a lo largo de la orilla izquierda del Danubio mientras Napoleón y el resto del ejército le bloqueaba desde el este, sur y oeste.

La mañana del día 14 fue soleada para variar, tras días de lluvia y nieve. Ney comenzó a mover a sus hombres hacia la cabeza de puente. Mientras Napoleón le daba sus órdenes en el Cuartel General Imperial, se encontró con Murat y se burló de él. El mariscal de caballería había tenido temporalmente autoridad sobre Ney los días anteriores y había ordenado a su cuerpo pasar al sur del Danubio en contra del parecer del pelirrojo. Ney había protestado que aquello contradecía las órdenes del emperador, a lo que Murat replicó arrogantemente que él formaba sus planes “frente al enemigo”. Aquella mañana Ney agarró al extravagante Murat del brazo y se burló de él sarcásticamente: “Ven, príncipe, ¡ven conmigo y forma tus planes frente al enemigo!”. Luego galopó para liderar su ataque. Murat no contestó nada y Napoleón, que escuchó todo y había previamente reprendido a Murat por sus errores, probablemnte rió entredientes.

El día 13 los tirailleurs franceses que habían sido expulsados por los austríacos, habían quemado el arco más al norte del único puente sobre el Danubio (ver mapa). Ahora, por tanto, tenían que reconstruirlo bajo un fuego enemigo que no distaba 100 metros del mismo. El general Loison (comandante de la 2ª división de Ney) formó un equipo de asalto con compañías del élite de los regimientos 39º de línea y 6º ligero pafra ayudar a sus zapadores en su misión. Habían llevado puertas, persianas y maderas desde la cercana aldea del Leibi para poner sobre la parte aún en pie del puente. Durante el proceso muchos fueron alcanzados, pero en menos de una hora consiguieron reconstruir lo suficiente como para permitir el paso en fila india de 5 compañías de granaderos y carabineros. Una vez al otro lado comenzaron a disparar a corta distancia a los defensores desde la cobertura de la orilla del río.

Al mismo tiempo, Ney había desplegado 11 piezas de su artillería de reserva en la orilla sur para dar soporte al asalto. Esas piezas estaba a solo 450 metros y fueron capaces de devastar dos batallones austríacos y sus 2 piezas de a 6. Conjuntamente el fuego de la artillería e infantería francesas fue suficiente para forzar a los austríacos a tomar cobertura y agachar sus cabezas. Bajo ese fuego de cobertura los zapadores franceses fueron capaces de completar la reparación y sobre las 9 de la mañana Loison envió al primer batallón del 39º a cargar a los dos batallones enemigos, que se retiraron hacia la línea principal de defensa.

Embriagado por la victoria, el batallón del 39º persiguió a los enemigos en retirada hacia Elchingen. Viendo aquel batallón francés expuesto y desordenado, el general Mescery, posicionado en la izquierda austríaca, adelantó un batallón de Erbach IR 42 para atacar a los franceses de flanco. Sin ninguna duda comenzaron también a abrir fuego desde las alturas sobre ellos. Con ese apoyo, los dos batallones germanos huidos se reordenaron, se volvieron y contratacaron sumándose a los de Erbach. Pero los franceses del 39º se reordenador en línea y recibieron a los 3 batallones contrarios a la carrera, lo que causó gran sorpresa y, disparando una sola descarga sobre las cabezas francesas, comenzaron a retirarse.

El 39º siguó cargando hacia la cima persiguiendo a los austríacos en fuga. Pero cuando llegaron a lo alto, al este del convento de Elchingen, vieron, por primera vez, una vasta hueste austríaca frente a ellos. Allí estaban los 20 batallones de la línea principal de Riesch y su caballería, unos 1000 jinetes. Debió ser toda una sorpresa para los imperiales. El solitario batallón francés fue disparado desde la derecha por la batería a caballo y por la infantería en su frente. Además dos escuadrones del Franz KR 2 caían sobre ellos. El general Villate, comandante de la brigada francesa que había liderado la insensata carga, mantuvo su mente fría y giró las 4 compañías de su derecha para enfrentar la carga. Los jinetes se acercaron a un trote lento, debido probablemente al terreno empapado, lo que permitió a los franceses disparar sobre ellos tantas veces que los caballos de las últimas filas se negaban a saltar sobre las pilas de cuerpos que se estaban amontonando delante de ellos. Los coraceros no tuvieron otro remedio que regresar.

El batallón francés lo estaba haciendo todo bien. Pero el fuego de los 3 batallones austríacos a su frente se estaba cobrando su precio (no es seguro a qué regimiento pertenecían, posiblemente el Riese IR 15, aunque Bowden los describe como batallones de granaderos, por lo que bien pudieron ser también los del Carl IR3, Auserperg IR 24 y Ludwig IR8). Villate decidió que era prudente ordenar un lento retroceso a su fuerza de ‘reconocimiento’. Los 3 batallones enemigos les siguieron colina abajo con la misma lentitud mientras continuaban disparando. Los franceses contestaban con su fuego también. Todos mantenían el orden.

Por entonces, sin embargo, el segundo batallón del 39º había pasado el estrecho puente sobre el Danubio y había formado en línea cerca de la cabaña del pescador (Fisherman’s Hut en el mapa) junto a las compañías de élite destacadas. El primer batallón se colocó a su lado. Los perseguidores, al ver miles de fuerzas francesas cruzando el puente se vieron peligrosamente expuestos en la llanura, por lo que decidieron retirarse hacia la cima de la colina y retomar sus posiciones defensivas originales.


Este artículo fue originalmente publicado en inglés por Jeff Berry en su magnífico blog Obscure Battles. El autor nos ha permitido traducir al español su trabajo, que no puede ser publicado por nadie más sin su permiso expreso.

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